domingo, 26 de febrero de 2017

BÉSAME: UN TRIUNFO MÁS DE LUPE VÉLEZ, según Revista de Revistas


Esta es la segunda película de Lupe Vélez que vemos en México, la cual tiene mucho parecido con El Gaucho. Ambas son de aventuras, de sensación, de peligrosas correrías, y en las dos la ya célebre estrella mexicana interpreta un tipo de mujer muy parecido, en cuanto a la pasión y al modo como se conduce la obra.

De manera, que si añado que Lupe está muy bien en Bésame no digo nada nuevo, y el público así lo sancionó. Algunos detalles seguramente se han de corregir en obras sucesivas, ya que la sugestiva mexicanita abusa un poco en determinados momentos de subir y bajar el pecho con demasiada violencia, lo cual no siempre debe hacerse ni mucho menos exagerarse.
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El bizarro Rod La Rocque saca partido del personaje de trapo que le ha tocado en suerte, lo mismo que Warner Oland, que interpreta estos bandidos de montaña, con todo entusiasmo y verismo. Y, si a esto se añade que la dirección es buena, y que el ambiente de leyenda de viajes no falta, tendremos que Bésame merece que se le tenga en cuenta para anotar un triunfo más a nuestra compatriota Lupe Vélez, a la cual deseamos ver pronto en papeles más reales, menos violentos, ya que tiene cualidades para otra clase de trabajos en la pantalla.


Luz y Sombra en Revista de Revistas, publicado el 26 de febrero de 1928.

Las ilustraciones corresponden a una marquesina anunciando la exhibición de la película y a Rod La Rocque y Lupe Vélez en un fotograma de Bésame (Stand and Deliver, 1928).

viernes, 24 de febrero de 2017

BÉSAME: Lupe era, otra vez, una mujer enamorada, ingenua y hermosa

 
(Fragmento del capitulo 4: ... Y se hizo el sonido)

La efímera naturaleza del éxito suele cosechar  improvisación y Hollywood siempre ha sido propenso a mirarse en el espejo distorsionado de la fugacidad. Al vapor de la taquilla, los estudios armaron una nueva producción con el fin de aprovechar la mezcla de asombro y curiosidad que Lupe había suscitado entre los espectadores: Jania es una joven griega, con un rostro de frescura adolescente; el héroe es un militar inglés mucho más alto que ella, de manera que cuando están juntos se ve como una frágil muñequita a su lado; su pecho lleno de collares se inflama ante la proximidad del hombre que ama y cuando se besan el encuadre tiene que hacerse con ambos rostros horizontales, ella mirándolo desde la parte inferior de la pantalla y él sujetando su cara con la mano izquierda al momento de acercar sus labios; Jania tiene los ojos negros, como lo hace notar el bandido que intentará violarla; es una mujer enamorada, ingenua y hermosa, otra vez, como ya lo había sido en El Gaucho, como lo seguiría siendo después en tantas películas. 
 
 
Jules Etienne

La ilustración corresponde a Rod La Rocque y Lupe Vélez en un fotograma de la película Bésame (Stand and Deliver, 1929). 

jueves, 16 de febrero de 2017

EXCÉLSIOR: 16 de febrero de 1928


Por primera vez en la historia del cine, se estrena en esta capital una película primero que en Nueva York. Se trata del primer triunfo alcanzado por nuestra compatriota Lupe Vélez, cuya película llegó el día de ayer por aeroplano, en el servicio establecido de México a Nueva York, vía Tampico y Houston, aterrizando el gemelo del Espíritu de San Luis sin novedad a las 5 de la tarde en los campos de aviación de Balbuena.

Lupe obtiene en esta grandiosa superproducción el más grande y definitivo triunfo, que la consagra ya como estrella de primera magnitud en la constelación de Hollywood. En Bésame* se muestra fogosa, ardiente, enorme artista, superándose a sí misma y sobresaliendo notablemente sobre su primera película, que vio en semanas anteriores el público, debiendo su éxito muy especialmente a la sabia dirección del mago Cecil B. DeMille**. Con Lupe Vélez toma parte Rod LaRocque, el actor que se está especializando en apadrinar en su consagración a las estrellas mexicanas***...

Nota anónima publicada en el diario Excélsior de la ciudad de México,
el 16 de febrero de 1928.


* Stand and Deliver se estrenó en la ciudad de México
con el título de Bésame, dos días después, el 18 de febrero de 1928.
** La compañía productora de la película era DeMille Pictures Corporation,
pero fue dirigida por Donald Crisp.
*** Rod La Rocque había protagonizado Resurrección en 1927,
al lado de Dolores del Río.

La ilustración corresponde a Lupe Vélez, Rod LaRocque y Warner Oland
en un fotograma de la película Bésame (Stand and Deliver, 1928).

viernes, 3 de febrero de 2017

Capítulo 1: DESPEDIDA EN VOZ BAJA (fragmento sobre el tango en El Gaucho)


- Es que el cine es el futuro, el mundo entero se va a transformar gracias a la mirada de la cámara.

- Tú estás enamorado del cine.

En el fondo, a pesar de que no quería admitirlo, también ella se sentía contagiada por ese mismo virus que latía en las imágenes surgidas del nitrato de plata, autoincandescente como el propio temperamento humano. Sentada en una butaca del cine Palacio se imaginaba su rostro sobrepuesto al de la actriz en la pantalla. No iba a tener que esperar ni siquiera un par de años para que en esa misma sala de la calle 5 de mayo, en el corazón de una ciudad que todavía se preciaba de ser la región más transparente del aire, los más de dos mil espectadores sentados en su lunetario y el anfiteatro, vieran cómo, en la película El Gaucho, era precisamente ella, Lupe Vélez, la compañera de aventuras de Douglas Fairbanks… Lo miré como se mira al ser amado y le dije: “Toda mi vida he soñado con verte. Siempre has sido mi héroe. ¡Gaucho mío!”, me abrazó sin dejar de fumar y recosté mi cabeza contra su pecho, “¡Gaucho mío!”, se lo podía repetir hasta el cansancio, mientras que la presumida esa trataba de conquistarlo desde el balcón con su baile flamenco y hasta una flor le arrojó entre besos, pero ese Gaucho tenía que ser mío, entonces fue cuando él giró sus boleadoras para enredarnos y bailamos un tango, bien apretados uno contra el otro, porque el Gaucho me pertenecía… Y ella sería el objeto de su amor en la película y de sus deseos fuera de ella. Por lo pronto tenía que conformarse con fantasear, esforzarse por aceptar lo que Bermúdez le aseguraba, como antes ya también se lo habían dicho Jorge Loyo y el Panzón Soto, que estaba destinada a algo muy especial porque Lupe no era como las  demás.
 
 
Jules Etienne
 


miércoles, 1 de febrero de 2017

SOBRESALE EN LA PELÍCULA EL ARTE DE LUPE VÉLEZ: Revista de Revistas


El estreno de El Gaucho ha sido uno de los más brillantes que se han visto en Cinelandia en los últimos tiempos. Al esplendor que siempre tienen los espectáculos organizados por Sid Grauman, se sumó el entusiasmo que anima las funciones relacionadas con Fairbanks, quien, con su esposa, reina en la vida social de Hollywood. Sin embargo, desde el punto de vista del arte cinematográfico, lo más interesante de cuanto ofrecía el programa era la exhibición del primer trabajo serio que Lupe Vélez ha hecho en los estudios de Hollywood, ya que su escasa labor previa se había desarrollado en las comedias de Hal Roach.
 
El prólogo, calificado como el mejor de cuantos ha ideado Grauman, es un conjunto de variedades que, tanto por los elementos que lo componen, cuanto por la escena en que aparece emplazado, resulta una como romería hispano-mexicano-californiano, que tiene tanta relación con el gaucho y con las pampas, como la película que viene a continuación.
 
Esta cinta nos presenta, principalmente a Fairbanks, con traje casi argentino y en ambiente casi mexicano, haciendo sus famosas piruetas en una supuesta región andina adonde nunca sube el gaucho. El personaje que de algún modo nos entretiene durante largo rato, no representa ni al vaquero de la pampa argentina ni al marido de Mary Pickford, sino al volatinero que Doug tiene que ser para agradar a cierto público. Él, personalmente, vale más que lo que nos parece en la pantalla. La vida que se representa en la película no se parece a laque se desenvuelve en la tierra del gaucho, ni a la de la región que circunda aquellos parajes. Es un capricho hollywoodense en cuya invención tomó parte importante un señor Wallace Smith, que adquirió sus conocimientos sudamericanos viviendo en México como corresponsal de periódicos yanquis, durante la revolución. Con estos títulos y su calidad de norteamericano, le ha sido facilísimo pasar por autoridad. Su fuese sudamericano, y estuviese bien enterado de los asuntos de Sudamérica, difícilmente hallarúa acomodo en Hollywood.
 
A pesar de todos sus errores, El Gaucho no ofende a ningún país. Algo es algo. En cambio, halagará a todos aquellos que tengan gusto de enterarse de que ha triunfado una artista de habla española. Lupe Vélez es quien nos proporciona lo mejor que tiene la película. La película fue hecha, claro está, para exhibir una vez más a Douglas Fairbanks. En ella todos los demás artistas tenían, por fuerza, que quedar relegados a lugares secundarios. Si, por ventura, se distinguía alguno demasiado durante la filmación, al cortar la película se tendría buen cuidado de ponerlo en su lugar, suprimiendo los trozos excesivamente buenos. Sin embargo, sobresale en la película el arte de Lupe Vélez. Y no porque la consideremos como una principiante de quien pensemos: "para una que empieza, está muy bien", sino porque su labor es tan buena que nos hace olvidar que se trata de una principiante. Lupe Vélez es una artista hecha y derecha. Y quien así comienza no puede tardar en llegar a ser estrella.
 
 
Baltazar Fernández Cué, publicado en Revista de Revistas en febrero de 1928.