lunes, 25 de julio de 2011

Capítulo 20: LA ÚLTIMA PENA (fragmento)

Lupe Vélez

En la soledad de su recámara se reconoció en el espejo, espejito compañero, mírame que triste estoy, se me fue el hombre que quiero y me muero por su amor, y sólo pudo ver los restos de la mujer seductora que alguna vez impuso sus caprichos de niña voluntariosa a tantos hombres obsesionados con ella, por ella y para ella, pero hoy, ya lo ves, sólo tengo tristeza y dolor... El deseo ajado en un rostro exhausto por los amores y desamores, por las pasiones que habían envejecido en su piel, por la fatiga de vivir.

Perpleja ante la inminencia de la muerte, adquirió repentina conciencia de que en realidad ya llevaba tiempo muerta: ¿Desde que Gary la dejó, o cuando Johnny se hartó de amarla? ¿Al darse cuenta del compromiso que implicaba su posible maternidad? Porque el engaño de Arturo y de Harald, después de todo, no era más que eso y ni siquiera se merecían a una mujer como ella. Siempre había creído que el amor puede ser la última y tal vez la única fuerza redentora capaz de ofrecer la energía necesaria para seguir viviendo, porque la ilusión amorosa tiene la capacidad de reinventar la vida de cualquiera. Pero la realidad, implacable, había atrancado las puertas y ventanas del amor para Lupe. Fatigada de amar o de creer que lo había hecho y, por lo tanto, de vivir, se sentía traicionada por aquellos a quienes había amado. Perdida la esperanza de enamorarse otra vez y de ser amada por alguien, la vida no tenía ya nada que ofrecerle.

miércoles, 20 de julio de 2011

Capítulo 18: NOCHE, NO TE VAYAS (fragmento)



- Aquí estamos. Quién lo dijera...

De Córdova aspiró el aire haciendo un exagerado esfuerzo con los brazos. Sus gestos solían ser muy teatrales aún fuera de la pantalla.

- ¿Ves como no era tan difícil que por fin te animaras? No te vas a arrepentir, ya verás.

Acarició su rostro con un gesto cariñoso y se dispuso a llamar a su agente en ese mismo momento, para demostrarle lo que era capaz de conseguir para él. Una vez que acordaron fecha y hora para la sesión fotográfica, lo que les permitiría empezar a promoverlo con los productores, no desperdició ni un instante tras colgar el teléfono. Lupe se dedicó por completo a los caprichos de la piel, esos que desde un principio habían sido el verdadero motivo de su insistencia.

No tuvo que transcurrir mucho tiempo cuando, por una de esas paradojas que permearon la vida de Lupe, el primer papel para De Córdova en el cine de Hollywood fuera el de un combatiente español en la adaptación al cine de ¿Por quién doblan las campanas?, la célebre novela de Hemingway, al lado de Gary Cooper. Dos amores por un solo boleto.


La ilustración es un fotograma de la película ¿Por quién doblan las campanas? (For Whom the Bell Tolls, 1943). Se aprecian Ingrid Bergman, Gary Cooper, Arturo de Córdova y Katina Paxinou, en primer plano.

lunes, 4 de julio de 2011

Capítulo 12: PICANTE PERO SABROSA (fragmento)

Ramón Novarro

Lupe y Novarro apenas tuvieron oportunidad de reunirse. Ella quedaba agotada con sus presentaciones diarias y las constantes entrevistas, en tanto que Novarro se ocupaba de los preparativos de su viaje en el que sería acompañado por una tropa que incluía a su hermano Eduardo , su primo Jaime, quien trabajaba como su chofer, y dos asistentes personales. Sin embargo, Lupe se dio tiempo para acudir al muelle a despedirlo a finales de marzo, cuando zarpó con destino a Francia a bordo del París.

- Estoy muy contenta porque sé que vas a hacer algo con lo que has soñado. Aunque también me siento triste porque no quiero que te vayas.

- Así son las despedidas. Siempre dejan un resabio de tristeza. En el fondo nos da temor pensar que quizás sea la última vez que veremos a la persona que se va.

- No digas eso, Ramón. Esas cosas no es bueno ni siquiera mencionarlas.

Novarro sonrió y ambos se abrazaron y besaron en la mejilla.

- Me voy feliz por ti, ahora que estás triunfando en pleno Broadway y porque tu Johnny va a venir a verte.

- Regresa pronto, ya sabes que Myrna te va a estar esperando -bromeó ella, que había visto publicada la fotografía de los dos en la estación del tren.

¿A qué le temía Lupe? A la vejez, agazapada en los recodos de la edad, en cada nueva arruga, más que a la pobreza, porque se sabía capaz de obtener recursos por encima de los necesarios para la mera supervivencia; pero, sobre todo, a quedarse sola. Le aterraba la sensación de de pérdida que surge de la distancia con los afectos y procuraba compensarlo llenando su casa con familiares, amigos y hasta conocidos recientes, que podían pasar en ella largas temporadas. Se tropezaba con sus perros en cualquier rincón, tenía una enorme jaula con canarios y un perico al que Weissmuller acabaría odiando. El temor a la soledad le provocaba el efecto de un vacío que inundaba sus ojos con el salitre acuoso de las ausencias. No lo pudo evitar, y de paso contagió también a sus perros que comenzaron a ladrar. Permaneció ahí durante un rato, de pie, viendo como Novarro, al igual que el resto de los pasajeros, agitaban sus pañuelos y sombreros en señal de despedida, hasta que el barco terminó de alejarse. No me gusta llorar. La lágrimas sólo sirven para volvernos feos. Prefiero la risa. Me gusta mucho hacer reir a los demás. Entonces decidió irse a caminar por la Quinta Avenida. La ciudad ejercía un peculiar efecto sobre ella, no experimentaba la misma opresión que en Los Ángeles, en donde sentía como si vigilaran todas sus actividades para después criticarla. Le parecía que podía gritar a todo pulmón mirando hacia el cielo al que apuntaban los rascacielos, sin que a nadie le importara. Después, tuvo que regresar de prisa al hotel con el voluminoso cargamento de lo que había adquirido. Estaba a punto de ser la hora en la que tenían que vestirla y maquillarla para la función de esa noche.