viernes, 24 de junio de 2011

Capítulo 8: LA INVENCIÓN DE HOLLYWOOD (fragmento)



Porque no figuraba entre sus planes y ni siquiera acusaba algún interés en tratar de suavizar ese rasgo explosivo de su personalidad que solía acarrearle tantas aprehensiones y disgustos, a Lupe no le quedó más que admitir la pérdida de Cooper como consecuencia de sus arrebatos. Y es que sólo así concebía la vida, a través del prisma de la intensidad que permeaba todos y cada uno de sus actos. Es algo muy difícil de comprender para aquellos que se niegan a amar como lo hago yo, de la única manera que puedo hacerlo. ¿Será esto lo que llaman la locura del amor? Porque en ese caso estoy loca desde hace mucho. Loca de remate, diría mi madre, que tanta falta me ha hecho desde que salí de México. Prefiero ni imaginarme que sucedería si ella supiera lo que le hice a Garrii. Tal vez no me lo perdonaría. Qué le vamos a hacer, soy lo que soy, Dios me hizo así y no voy a cambiar mi forma de ser para pretender ser diferente.

Por la radio, Ethel Waters entonaba Am I Blue con voz diáfana: Soy sólo una mujer, una mujer solitaria, y Lupe se dejaba atrapar por la letra, mucho antes de que amaneciera, sin un aviso me encontré con que él se había ido. Era como un lamento a 78 revoluciones por minuto, hubo un tiempo en que era la única para él, pero ahora estoy triste y solitaria... Ahora que se ha ido y hemos terminado, ¿estoy triste?... Y el vacío de la ausencia seguía girando sobre sí mismo en un alrededor de desencanto.

viernes, 10 de junio de 2011

Capítulo 2: BAJO EL SIGNO DE CÁNCER (fragmento)



El sol californiano, siempre renuente a aceptar el invierno, mareaba el mediodía incierto de Lupe. En lo que deambulaba, sola y sin dinero, sintió que en su boca se resecaban las palabras, entonces igual que ahora, cuando trataba de escribir los últimos renglones mientras su sentido de la realidad se empecinaba en abandonarla. ¿Cómo pudiste, Harald, fingir ese gran amor por mí y nuestro bebé, cuando en ningún momento nos quisiste? Tuvo que rectificar algunos vocablos porque su mente prefería divagar por el pasado para evadir la hostilidad del presente. No veo otra salida para mí. ¿La habría? Se preguntaba si valdría la pena seguir enfrentando la adversidad. Sentía un impulso desolador para despdirse: Adiós y buena suerte. Amor, Lupe. Luego de tantas mentiras y traiciones, ni siquiera se merecía ese tono indulgente que no entendía por qué, pero le recordaba las palabras de Fanny Brice el día de su debut.

- Fíjense muy bien en esta chiquilla, acaba de empezar con nosotros pero tiene un gran futuro.

Aunque no me pude quedar con el papel por el que viajé con tantas dificultades desde México, no me desanimé. Como tampoco quería molestar a mi familia pidiéndoles que me enviaran dinero, míster Bennet me ayudó a conseguir trabajo en el prólogo de una película, es como un cuadro teatral que se monta en los cines antes de que inicie la proyección de la película. No habá venido hasta acá para hacer algo como eso, pero lo hice del modo que siempre me ha gustado hacer las cosas. Me dediqué en cuerpo y alma con la esperanza de que alguien se fijara en mí. Y sucedió... Tuve la suerte de que me ofrecieran treinta y cinco dólares más de lo que estaba ganando por participar en la Music Box Revue. El público expectante se quedó sin habla. Además del despliegue de espontaneidad, por lo escaso de su indumentaria. De nuevo, como ya había sucedido en México, conquistó a los espectadores. Al término de la función, uno de los productores tuvo que pedirle que para su siguiente presentación se cubriera un poco más.

Deslumbrado, un periodista la equiparaba con un huracán tropical cargado de millones de voltios y amperios, impulsada por una fuerza irresistible. Fanny Brice, la famosa funny girl, le envió un telegrama a Florence Ziegfeld -el zar de las mujeres hermosas en Nueva York-, en el que le sugería que contratara a Lupe para su famoso Ziegfeld Follies, asegurándole que se había topado con un prodigio en estado natural que bailaba y actuaba con absoluta libertad.

Un ejecutivo de la Metro Goldwyn Mayer, a quien se le atribuía el descubrimiento de Joan Crawford, vio a Lupe presentarse en esa variedad y le causó tal impresión que fue a buscarla a su camerino para proponerle una prueba cinematográfica en los estudios. Harry Rapf se presentó con ella y le expresó su plan. De inmediato empezó a revolotear por la mente de Lupe la frustración de sus experiencias anteriores y se negó, empeñada en que ella había nacido para el teatro, para tener un contacto vívido y cotidiano con la gente y poder contagiarles algo del fuego que llevaba consigo.

miércoles, 8 de junio de 2011

Capítulo 1: DESPEDIDA EN VOZ BAJA (párrafo final)



Y es que para entonces a ella le quedaban chicas no sólo la Montalván sino todas las demás rataplaneras prófugas de algún mural de José Clemente Orozco, el Principal y el Lírico con sus cortejos voyeuristas, las insípidas revistas de Uranga y Gandolín, los cabarets como El Quijote y la pichicatería de sus acompañantes. Porque a pesar de que México era una ciudad con más de un millón de habitantes, conservaba un pudor pueblerino susceptible de escandalizarse a la menor provocación y para la descarada Lupe, empezaba a convertirse en una tortura cotidiana. En pocas palabras, el destino de una tiple le venía estrecho, tan estrecho que mejor se iría porque, sin saberlo, Hollywood ya la estaba esperando.


La ilustración corresponde a una fotografía de la calle Tacuba, ciudad de México, en el año de 1925, cuando Lupe Vélez debutó como tiple en el teatro Principal.