lunes, 25 de junio de 2018

Collier's: LA MUCHACHA CON UN TALENTO (25 de junio de 1932)


... Así es como piensa Lupe Vélez, actualmente en Nueva York, donde se ha convertido en la mayor atracción en varios kilómetros a la redonda.

Es cierto que cuenta a su favor con una serie de ventajosos atractivos naturales de los que muchas carecemos, pero también es cierto que han existido mujeres mucho más bellas que únicamente salieron del coro al casarse o al morir.

Sus pestañas, tan largas que casi puede sentarse en ellas, y un par de piernas que cobran vida y sentido cuando acompañan a su voz baja y de excitante calidad sus imitaciones (que no son más que animadas caricaturas), provocan una tan atractiva conjunción que de no ser así, difícilmente hubiera llevado tanta gente al teatro. Pero todo esto que el público percibe es difícil de fotografíar o de explicar con palabras. Es algo que ella es y que ofrece. Algo que atrae tanto al ascensorista como al gerente del banco, lo mismo a la chica de sociedad que al ama de casa común y corriente. Si usted alguna vez en su vida ha visto una muchacha sin pretensiones, comportándose tal cual es, gozando e invitando a todo el mundo a la fiesta, esa muchacha es Lupe. Nunca ha actuado en su vida. Y ese es su secreto.


Elizabeth Dickson en La muchacha con un talento, publicada en Collier's, the national weekly magazine, el 25 de junio de 1932.

La ilustración corresponde a la portada de la edición del 25 de junio de 1932 de Collier's.

viernes, 22 de junio de 2018

Lupe Vélez a la conquista de Nueva York en 1932

"Se presentaría en el cine Roxy, para cantar y bailar algunos números musicales de Bajo el Cielo de Cuba."

(Fragmento del capítulo 11: La vida sin Gary)

Como consecuencia de que los ingresos en taquilla seguían disminuyendo, los estudios dispusieron una novedosa estrategia publicitaria, incluyendo entre las obligaciones contractuales de los actores giras con apariciones en vivo para promocionar sus estrenos. Así fue junto con sus inseparables perros, dos chihuahueños llamados Mr. Kelly y Mrs. Murphy, una revitalizada Lupe Vélez se lanzó a la conquista de Nueva York. Se presentaría en el cine Roxy, para cantar y bailar algunos números musicales de Bajo el Cielo de Cuba al término de la proyección. El público, como de costumbre, quedaría deslumbrado por su contagiosa energía con el corolario de un contrato para una serie de funciones en el teatro Palace. Entre los espectadores más entusiastas se contaba un cronista del New York Times, quien afirmaba que además de tempestuosa y atractiva, carecía de ese sentimiento de súbita importancia que atacaba a las estrellas de cine cuando invadían los terrenos del vodevil.* Maní, si te quieres por el pico divertir, cómprame un cucuruchito de maní, alejada de cualquier afectación, hacía todo lo que estaba de su parte para organizar una auténtica fiesta en sus presentaciones, no te acuestes a dormir sin comprarme un cucuruchito de maní. Se había ganado un merecido aplauso tanto por sus bailes y canciones como por sus imitaciones de Gloria Swanson, Dolores del Río y Marlene Dietrich, que el público festejaba con entusiasmo. En cuanto al hecho de que afectaban su popularidad en Hollywood, eso era un asunto que nunca le preocupó. Desde su guarida teatral en Broadway, Florenz Ziegfeld se mantenía al tanto.

La gran novedad que parecía flotar entonces sobre la atmósfera de Manhattan era el Empire State Building, el edificio más alto del mundo que recién se había inaugurado ese primero de mayo. Lupe no iba a privarse de visitarlo, así que una tarde, bajo un avaro sol invernal que no lograba impedir el frío, cubierta por uno de sus ostentosos abrigos de pieles desde los casi cuatrocientos metros de altura en que podía observar la ciudad que parecía habitada por figuras diminutas, se dejó seducir por el  Nueva York de entonces, más amplio, menos ruidoso -antes de que entre el tumulto, las siluetas acabaran extraviando su sombra sobre el pardo asfalto de las calles-, como si la vida fluyera al ritmo del blanco y negro con el que la veía Edward Steichen, quien mejor había capturado la rotunda belleza de Lupe en sus frecuentes estudios fotográficos, el primero de tantos en 1928, hasta lograr en alguno de ellos el hallazgo de un aire misterioso que nimbaba su rostro.

Jules Etienne
 
* La crónica fue publicada en el New York Times el 22 de junio de 1932.

sábado, 16 de junio de 2018

EL TORBELLINO FEMENINO (Redhead From Manhattan): Lupe Vélez y Michael Duane aportan la dosis de comedia


Se trata de un entretenimiento aceptable que puede funcionar como apoyo para cualquier programa doble. Para Lupe Vélez es su primer trabajo en mucho tiempo que no tiene que ver con la serie de Carmelita, la mexicana que escupe fuego, y gracias a la buena dirección de Lew Landers se maneja con un ritmo adecuado.
 
El torbellino femenino es una de esas comedias de enredos con falsas identidades en el que la inquieta Lupe interpreta simultáneamente a dos primas.
 
Las complicaciones que surgen de manera inevitable recurren a una gran variedad de personajes que van desde agentes del FBI y gangsters hasta un productor que odia a las mujeres casadas en sus espectáculos. Los protagonistas quedan demasiado enredados por el intrincado trabajo del guionista Rex Taylor, pero gracias a la señorita Vélez y a Michael Duane hay la suficiente dosis de comedia que le da vida a la película.

 
Rose, publicado en Variety el 16 de junio de 1943

jueves, 14 de junio de 2018

EL ALA ROTA, según el diario ABC de Madrid

 
Cuando creíamos hallarnos ante un nuevo film que exalta las proezas aviatorias de los caballeros del aire, nos encontramos nuevamente con nuestros viejos conocidos: el rico estanciero, la heredera inquieta y suspirante de amor, el audaz aventurero sentimental y cínico y el imprescindible galán, cuya misión es conquistar a la estrella para toda la vida.

En un ambiente del oeste, de la frontera méjicoamericana, se desarrolla a través de inocentes intrigas y aventuras -a las que no faltan los matices humorísticos-, el convencional idilio de la juvenil pareja, bajo el claro de luna y la clásica serenata con música de guitarra. Para mayor pintoresquismo, los personajes mantienen un diálogo bilingüe que les permite expresar sus sentimientos en inglés y en ese español marca exclusiva de Hollywood.

Por cuanto queda indicado, la nueva película lanzada al mercado no añadirá prestigio a la Paramount, que en esta oportunidad se ha limitado a reproducir en la pantalla un viejo clisé, siquiera éste sirva para mostrarnos la sugestiva gracia y movilidad de Lupe Vélez y los recursos expresivos de los excelentes actores Leo Carrillo y Melvyn Douglas.


J. C. V., publicado en el diario ABC de Madrid, el 14 de junio de 1933. (Página 44)
 
La ilustración corresponde a un fotomontaje en inglés de la película y un fragmento de la cartelera cinematográfica tal y como se publicó en el mismo diario, el 11 de junio de 1933.

lunes, 11 de junio de 2018

Edward Steichen: Las fotografías de Lupe Vélez en VANITY FAIR

 
En la edición correspondiente a Junio de 1932, la revista Vanity Fair publicó un estudio fotográfico que Edward Steichen hizo de Lupe Vélez. Para entonces él ya era uno de los fotógrafos más reputados. Aunque nació en Luxemburgo, llegó a los Estados Unidos con apenas dos años de edad, en 1881. Muy joven se inició en la fotografía y la pintura, pero se consideraba a sí mismo más bien un pintor. Participó en la primera guerra mundial al frente del grupo de retratistas que recogieron un testimonio visual del conflicto. En 1920, quemó todas sus pinturas y declaró que: "Ahora ya no me preocupo más por considerar a la fotografía como un forma del arte. Creo que potencialmente es el mejor medio para que el propio hombre se explique a sí mismo y a sus congéneres."

Su obra incluye retratos de celebridades que van desde políticos como Winston Churchill hasta millonarios como los Rockefeller, deportistas como los boxeadores Jack Dempsey y Gene Tunney o los escritores Eugene O'Neill y H. G. Wells, también la "familia real" del teatro estadounidense: los Barrymore, así como Charles Chaplin y Norma Shearer. Junto a todos esos trabajos, siempre se ha considerado su estudio de Lupe Vélez como uno de los más significativos. Previamente ya la había fotografiado en 1928, cuando ella estaba recién llegada a Hollywood, logrando la que tal vez sea su imagen más famosa fuera de la pantalla, misma que se encuentra en exposición permanente en el Instituto para las artes de Minneapolis.
 
Antes de eso, Vanity Fair también publicó en 1930 otra foto de Lupe por Steichen, quien la aprovecharía para una elaborada doble exposición en la que Conrad Veidt aparece difuminado y sobrepuesto a ella en el fondo. Fue hasta 1935 que realizó el estudio con Dolores del Río, también para Vanity Fair. El artista siempre mostró su preferencia por fotografiar a Lupe más que a ésta.
 
 
Jules Etienne

Las fotografías de Lupe Vélez se publicaron en la edición de 1932 de Vanity Fair, la que se encuentra al tope, en tanto que al otra apareció en julio de 1930.

lunes, 4 de junio de 2018

EN NANÁ: Lupe Vélez "luce espléndida magnífica y seductora", según la crónica de El Universal


La versión cinematográfica de Naná que estamos comentando no debe preocupar a quienes, conociendo la obra, temen que en ella surjan las fuertes escenas descritas por Zola y que en verdad sí podrán producir azoro a ciertas personas. Los instantes escabrosos han sido sorteados con verdadera prudencia, con exquisita delicadeza, pero sin llegar a incurrir en mutilaciones que desvirtuaran la originalidad de la novela. Y así como el autor no glorifica a su heroína, sino sólo se concreta a seguir la trayectoria de su existencia, hasta su dramático final -final que condena y advierte-, en el film se ha logrado también amalgamar lo humano con lo artístico, hasta alcanzar un clima moralizante.
 
Lupe Vélez -que ha llegado a los límites del sentimiento estético-, luce espléndida, magnífica y seductora, en su caracterización de Naná. La vedette mexicana -o estrella de cine, como guste el lector- es otra muy distinta de aquella que cantara Espejito en La Zandunga, lo que no quiere decir que no gustara en aquella su primera actuación en nuestros estudios. Es otra, sencillamente porque en la realización de Gorostiza se nos presenta más dueña de su función estelar, dramatiza con vehemencias admirables todos los estados del alma del personaje descrito con tan recios e imponentes relieves por el autor de La bestia humana. No podríamos concebir, en consecuencia, después de ver a Lupe Vélez en Naná, a otra Naná que no fuera Lupe Vélez. No desvirtúa nuestra artista su rol en ninguna escena de la película. La vemos como Zola nos la describe...
 
 
Fragmento de la crónica de Florestán
publicada en El Universal, el 4 de junio de 1944.

sábado, 2 de junio de 2018

EL ESTRENO DE NANÁ: la última película de Lupe Vélez

 
La producción mexicana Naná, que adaptaba a la pantalla la obra del francés Emile Zola, se estrenó el 2 de junio de 1944, en el cine Palacio Chino en la ciudad de México.
 
Se trataba de una película muy costosa, tan sólo en lo que se refiere a su indumentaria, se confeccionaron ochenta vestidos para ella por la Western Costume, de Hollywood, empresa contratada para hacerse cargo del vestuario a la usanza del siglo XIX en la Francia del segundo imperio, la misma época en la que también se ubicaba Canción de amor, aquella película de principios de su carrera en la que había sido dirigida por D. W. Griffith.
 
El rodaje de Naná resultó más accidentado de lo que se esperaba. Por entonces Lupe atravesaba una etapa depresiva en la que su relación con Arturo de Córdova se había vuelto un constante reclamo y el director de la cinta, Celestino Gorostiza, era un hombre surgido del teatro, por lo que era evidente que se sentía incómodo al desplazarse en un set cinematográfico.

La crítica resultó bastante severa tras su exhibición, como fue el caso de la publicación El Redondel, que aseguraba no había captado el espíritu francés y se trataba de "una novela eminentemente francesa que, en último caso, sólo debió llevarse a la pantalla en la Francia misma".
 
Sin embargo, en un artículo publicado en el diario Excélsior el 7 de junio de 1944, su autor, Ángel Lázaro, asegura que: "... no hay duda de que esta Naná, salida de los estudios mexicanos, puede afrontar gallardamente la mirada del más severo crítico. Lupe Vélez está dentro del tipo. Su misma voz, un poco agria, ronca en la película -no sabemos si fuera de ella- da carácter al personaje. Ella es la cortesana imaginada por el novelista. Y puede decirse que ella es la película toda..."
 
 
Jules Etienne