lunes, 30 de abril de 2018

RAZA DE BRONCE: una premonición de Lupe Vélez


(Fragmento del capítulo 4: Y se hizo el sonido)
 
- Un día, Ramón, tú y yo vamos a hacer juntos una película.
 
Novarro jamás lo dudó. Sabía que Lupe poseía el envidiable don de realizar lo imaginado. Cuando concebía una idea era más probable que lograra concretarla a sacársela de la cabeza. A la distancia vieron el antiguo faro de Punta Loma vigilando la entrada a la bahía de San Diego. Los barcos parecían miniaturas bajo un sol rotundo. La razón por la que a Novarro no le agradaba navegar era que solía marearse con facilidad y si bien Lupe tampoco tenía una personalidad marina, nunca dejó de sentirse exaltada ante el mar. Con ese mismo candor exultante con el que encaraba la vida, nunca perdía su capacidad de asombro: el rumor de las olas, el aroma salado de la brisa, el color de sus espejismos, cuando el sol  confunde al cielo y el mar para percibir ese aliento insólito que refrescaba su rostro. Había crecido en un polvoriento San Luis Potosí, más tarde se fue a estudiar a San Antonio para regresar al lado de su familia en el altiplano de la ciudad de México. No había tenido la oportunidad de vivir en la proximidad del mar. Y aunque prefería evitar los vaivenes del oleaje, coincidía con Novarro en que su horizonte es ilimitado. Era como si desde esa perspectiva el mundo fuera más ancho y menos ajeno.
 
 
Jules Etienne

La ilustración es una fotografía tomada durante el rodaje de El puerto del infierno (Hell Harbor), en 1930.

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