jueves, 15 de marzo de 2018

Antes de la censura: EL PUERTO DEL INFIERNO


Aseguraba George Bernard Shaw que "la primera condición del progreso es la eliminación de la censura", y en Hollywood sucedió precisamente lo opuesto. Cuando el advenimiento del sonido presagiaba una nueva época y diferentes estilos de expresión para el cine, decidieron aplicar un código moral exagerado y absurdo. Promovido por la liga de la decencia e impulsado por Will Hayes, quien acabaría por convertirse en el primer presidente de la Asociación de productores y distribuidores de películas, fue ideado por Martin Quigley y el sacerdote católico Daniel Lord -por cierto, guía espiritual de Cecil B. DeMille-. En 1930 elaboraron un reglamento que impondría los límites que desde entonces tendrían que respetar, sin excepción, todas las películas. Sus preceptos básicos enunciaban que no se autorizaría ninguna película que pudiera rebajar el nivel moral de los espectadores, el estilo de los personajes descritos debería ser el correcto y la ley, natural o humana, nunca debería ser ridiculizada. Les llevó cuatro años lograr su cometido, el código se aplicaría a partir de 1934 y hasta 1968, en que finalmente fue sustituido por un nuevo sistema de clasificación.

El puerto del infierno (Hell Harbor), cuyo tema eran los piratas con pata de palo y parche en el ojo, presentaba escenas muy provocativas de Lupe Vélez junto con su coprotagonista John Holland y no sólo eso, la historia reunía suficientes aspectos escabrosos como para merecer la censura: Henry Morgan, descendiente del famoso pirata del mismo apellido, había cometido un crimen y para acallar al único testigo, acepta entregarle en matrimonio a su hija Anita -interpretada por Lupe-, como pago por su complicidad.

La cinta en cuestión se exhibió antes de que las legiones moralizantes tuvieran el poder para impedirlo, por lo que Lupe pudo desplegar sin recato toda la vitalidad de su encanto sexual. Filmada a finales de 1929, El puerto del infierno se estrenó en el cine Rialto de Nueva York el 15 de marzo de 1930. A México llegaría hasta enero del año siguiente.

 
Las ilustraciones corresponden a Lupe Vélez y John Holland en un fotograma de la película El puerto del infierno (Hell Harbor, 1930), y a un recorte de periódico anunciando su exhibición.

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