miércoles, 15 de noviembre de 2017

El erotismo en EL GAUCHO


Bruce Lucky Humberstone, quien era el director asistente en Mi chica favorita (y después en La máscara de hierro y La fierecilla domada), recuerda: "Doug había empezado un gran romance con Lupe Vélez cuando estaban filmando El Gaucho y por supuesto todo el estudio lo sabía." Como resultado de eso, el film está cargado con un erotismo y una energía sexual ausentes en otras de las producciones de Fairbanks. En parte debido a ello, la Montañesa es el más pleno de todos los caracteres femeninos en el cine de Fairbanks. Vélez, después conocida como the Mexican spitfire, está al parejo de Fairbanks toma tras toma, con los brazos en jarras, el pecho palpitante y los ojos centelleando, ella es, en todos los aspectos, igual al gaucho de Fairbanks. Tan es así que en una crítica de la época se le denominó la Fairbanks femenina.
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La electrizante escena del tango, que se ve al principio de la película, es reminscente del famoso tango que Rodolfo Valentino baila en Los cuatro jinetes del Apocalipsis y casi alcanza su misma potencia. Fairbanks puede carecer de la ardiente ambigüedad sexual de Valentino, pero la seguridad fanfarrona de su despreocupada masculinidad, cautiva. Usando las bolas gauchas para enredarse con ella, Fairbanks fuma a lo largo de toda la secuencia, burlón, sujetando su cigarrillo entre los dientes, recogiéndolo con su lengua en la orilla de su boca antes de besarla, para entonces empujarlo de nuevo con sus labios, soplando el humo en su cara. (Este gesto con el cigarrillo fue más tarde usado por Gene Kelly en El Pirata, de Vincente Minelli). Las metáforas sexuales son claras y evidentes, y los dos bailan con una innegable carnalidad. La secuencia del tango al rojo vivo era tan importante para Fairbanks, que el coreógrafo Henry Barsha fue contratado especialmente para hacer de los pasos del tango americanizado uno de los momentos más brillantes de la película.
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El Gaucho y la Montañesa son frecuentemente belicosos en sus escenas románticas. Un crítico describió sus acercamientos eróticos como una "pelea entre pugilistas". Su atracción animal y su combatividad carnal fueron una fresca propuesta a las escenas amorosas en el cine de Hollywood.


 
 Publicado en la biografía Douglas Fairbanks, de Jeffrey Vance, Tony Maietta y Robert Cushman (University of California Press: Academy of Motion Pictures Arts and Sciences, 2008).



(Traducido al español por Jules Etienne)

Las ilustraciones son fotogramas de Lupe Vélez y Doglas Fairbanks en El Gaucho (1927).

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