lunes, 7 de agosto de 2017

GARY COOPER Y LA CONDESA DI FRASSO


(Fragmento del capítulo 9: El año del vampiro)

Agosto de 1931

Cooper no entendió en primera instancia lo que la condesa estaba tratando de decirle, pero lo pudo comprobar esa misma noche. El conde Di Frasso era un hombre mundano que no consideraba la fidelidad como una virtud sino, como la mayoría de los hombres de su clase, una imposición de la moral colectiva para hacer la vida más tediosa.
 
Durante la temporada que Cooper pasó en Villa Madama, adquirió el gusto por los platillos refinados y los buenos vinos, cambió su forma de vestir –ella se deshizo del anticuado reloj de bolsillo con leontina que él acostumbraba a usar-, y cuando tuvo que regresar en agosto para filmar Su Mujer, con Claudette Colbert, la condesa organizó una fiesta de despedida en su honor a la que asistieron como invitados los príncipes de Grecia e Italia, así como el duque de York, que se convertiría en el rey Jorge VI de Inglaterra, cuando su hermano Eduardo VIII, tras 326 días de reinado, abdicó en su favor. Siempre se ha dicho que por el amor de una plebeya, la estadounidense Wallis Simpson, divorciada dos veces antes de conocerlo, y eso fue exaltado por la prensa a sabiendas de que el público siempre está ávido de historias de amor, sobre todo si van impregnadas de escándalo.
 
Ese verano en el que Cooper trabajaba en Nueva York,  en el estudio Astoria que tenía la Paramount en Long Island, quejándose del calor y durmiendo la siesta entre una toma y la otra, el contacto con Lupe se había perdido. Ella permanecía en Hollywood, a la espera de que algún milagro amoroso le devolviera al hombre que había provocado sus mejores fantasías y sus peores desilusiones.


Jules Etienne

Las ilustraciones corresponden al recorte de una columna de chismes de Hollywood en el que anuncian el viaje de Gary Cooper y a una fotografía de la condesa di Frasso acompañada por Cooper.

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