lunes, 13 de agosto de 2012

Capítulo 17: REGRESO AL PAÍS DE OZ (fragmento)

Johnny Weissmuller

Al poco tiempo concluyó el rodaje y Weissmuller regresó para toparse con la desagradable sorpresa de que su fiel compañero, su perro Otto, había muerto. Como ya sumaban demasiadas cuentas pendientes con Lupe, se mantuvo renuente a aceptarlo y se lo reclamó.

- ¿Por qué te cuesta tanto trabajo entender que el pinche perro se murió de viejo? -alegó con una indiferencia hiriente.

Weissmuller permaneció un rato de pie frente a ella, incrédulo. Hasta que por fin se animó a responderle.

- Ni era tan viejo y además estaba muy sano. No tendría porqué morirse cuando yo estaba ausente... ¿sabes qué? -la miró por primera vez con desprecio-. Tú lo mataste. Tuviste el valor de matar a un animal indefenso y ahora no lo tienes para admitirlo. Porque eso es lo que eres y has sido toda tu vida, una cobarde.

Se necesitaba mucho menos que eso para encender a Lupe.

- Nomás eso me faltaba, que me llamaras cobarde. ¿Quién carajos te crees que eres? ¿Tarzán de los monos, el gran defensor de los animales? ¡Ese personaje ni siquiera existe! No eres más que Yoni Güeis-lo-que-sea, ¿me entiendes? Y no permito que nadie me llame cobarde en mi propia casa.

La mexicana que escupía fuego se convertiría muy pronto en su sobrenombre en las películas, pero en esa ocasión Weissmuller lo pudo constatar en carne propia. Los perros ladraban y al perico inoportuno se le ocurrió repetir "Gary, Gary, Gary", incitado por la agitación. Weissmuller se aproximó a su jaula, la abrió y con su mano diestra estranguló al perico.

- También se murió de viejo -dijo, arrojando el cuerpo a los pies de Lupe-. Adiós, Gary.

Dio media vuelta decidido a empacar sus pertenencias y se fue esa misma tarde. Nunca más volvería a la casa de Rodeo Drive durante el resto de la vida de Lupe. A la semana siguiente, los abogados de ambos iniciaron el juicio de divorcio.


Jules Etienne 

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